Jueves 25 de junio de 2009
de 8:30 a 18:30 hs.
Marriott Plaza Hotel Buenos Aires - Florida 1005

Desde una mirada realista e inclusiva del pasado, presente y futuro del rol de la dirigencia en nuestro país y en la región, celebramos nuestro XII Encuentro Anual con la presencia de más de 400 dirigentes del ámbito empresarial, político, intelectual, social, religioso y sindical.

Diversos paneles y expositores impulsaron la reflexión sobre la realidad argentina y el papel de la dirigencia en general y en especial la empresaria, para trazar los caminos posibles hacia el progreso consolidado de la Nación.

Mensaje de apertura del XII Encuentro Anual

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Argentina: De las Crisis al Progreso
El desafío de los dirigentes

 

25 de junio de 2009


Mensaje de apertura de Luis Cedrola, Presidente del Encuentro Anual



Buenos días, quiero darles la bienvenida al Encuentro Anual de ACDE, un Encuentro de socios y amigos. Como en otros años, nos acompañan amigos de otras organizaciones: la Asociación Empresaria Argentina (AEA), la Asociación de Bancos de Argentina (ABA), AACREA, AmCham, CIPPEC, el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, IDEA, la Fundación Pellegrini, la Fundación Impulsar, la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Red de Acción Política (RAP). Encuentro que pensamos y organizamos con Diego Botana, Eduardo López Rivarola, Oscar Girola, Alejandro Llorente y Francisco Gorrini con la valiosa colaboración del staff de ACDE.


Los invitamos a pensar la Argentina de la próxima generación, y no la que resulte de la próxima elección. Los invitamos especialmente a reflexionar sobre los comportamientos de la dirigencia argentina y su rol para alcanzar el progreso consolidado de la Nación. Cuando hablamos de dirigencia incluimos a la dirigencia política, empresarial, social, religiosa, sindical y a nuestros intelectuales.


El Presidente de la Corte Suprema, Dr. Ricardo Lorenzetti, en un foro almuerzo organizado hace algunos días por ACDE, destacó que en nuestro país los cambios son abruptos, por oposición a los cambios adaptativos. Vale decir, los dirigentes no combinan los eventuales valores y visiones que pudieran tener en común, sino que de manera casi violenta (no necesariamente apelando a la violencia física, pero sí a la discursiva), imponen una visión no matizada, que descarta lo edificado por otros.


También es característica de nuestra Argentina la tendencia de su dirigencia a "volver a empezar". La condena y el desprecio por todo lo realizado, inclusive por aquéllos que lo realizaron en el pasado reciente. Quienes defendieron reniegan, quienes apoyaron olvidan. Es así que década tras década estamos condenados a repetir errores, sin detenernos a analizar lo ocurrido y preguntarnos qué salió mal. Nos justificamos con frases "políticamente correctas" sin el coraje y la sinceridad que nos permiten mirar los errores y superarlos. La cíclica repetición de nuestros errores nos impide avanzar al porvenir y convence a la sociedad de que no es merecedora de un futuro mejor. La convivencia diaria con el atraso hace que amplios sectores de la sociedad desconfíen y rechacen el progreso.


Por el contrario, otras naciones, con sus dificultades de toda naturaleza, han comenzado a recorrer el camino de la combinación de valores, para construir y debatir, dentro de marcos previamente acordados.


Quizá convenga puntualizar una cuestión que está empezando a emerger como consecuencia - diría directa - de esta manera consecutiva de intentar llevar adelante el proyecto común: una división entre sectores de la sociedad, en donde resulta cada vez más difícil combinar aquello que nos puede unir como nación. La erosión que lentamente va causando este esquema de manejo de lo público, hace que luego no se tenga la capacidad para reunir aquello que se separó.


Si la Constitución Nacional es el marco que debería dar las fronteras para discutir el mejor camino para orientar a la nación hacia el progreso, resulta ilustrativo lo que Alberdi entendía sobre este tema: "He aquí el fin de las constituciones de hoy día: ellas deben propender a organizar y constituir los grandes medios prácticos de sacar a la América emancipada del estado oscuro y subalterno en que se encuentra".(1)


Marcos de contención, andamios que sostengan y permitan la construcción, consensos, coincidencias fundamentales. Todas frases y locuciones que se expresan como un "deber ser" inalcanzable, tendiente a lograr esta construcción de progreso. En los hechos, dos cabezas - o quizá varias - se disputan su visión de la Argentina. Cuando una prevalece, la otra queda agazapada, esperando tomar las riendas del destino del cuerpo, para imponer su manera de entender la realidad. Este círculo vicioso se contrapone al deseo de que las discusiones - sanas y necesarias en la construcción del progreso - se den en un marco de convivencia generando un acuerdo básico en el que los dirigentes que circunstancialmente ejercen el liderazgo, tengan los medios prácticos de construcción, comunes para todos.


La consecuencia de este ejercicio del poder y de la falta de combinación de valores, genera la profunda división de la que hablamos. Esta separación corroe lentamente las posibilidades de reconstrucción de un marco común. En efecto, el deterioro social (y un ejemplo es nuestro conurbano), hace que las aspiraciones de cada sector paulatinamente se disocien. La consecuencia es que cada vez resulta más dificultoso que cada individuo pueda escuchar y entender las necesidades, aspiraciones y sueños del otro. O quizá, poniéndolo en términos crudos y prácticos: ¿Qué deseo de consenso republicano puede tener aquel cuya única y vital preocupación es el alimento de hoy para él y sus hijos?


En este contexto hay dos Argentinas. Una Argentina defiende los valores republicanos y sostiene que las prácticas clientelares afectan la libertad del votante, y en consecuencia son malas. El silogismo se resolvería, para esta visión, eliminando el clientelismo. Desde la otra Argentina, quien recibe la asistencia supuestamente clientelar, la identifica como un piso de supervivencia para intentar desarrollarse como persona y cumplir sus sueños.


El desafío es gigantesco, pero no imposible: combinar los valores de las dos Argentinas, en marcos que permitan articular un camino hacia el progreso. El punto de partida debería estar impregnado de la realidad profunda de la Argentina actual. Caso contrario, el riesgo será entretenerse en reuniones y tertulias acerca de los eternos problemas del país, diagnosticando soluciones que, en los umbrales del bicentenario, no han resultado eficaces.


En el siglo XIX la Argentina tuvo una "Generación del progreso". Detrás de la pluralidad de identificaciones partidarias podía advertirse que la clase dirigente argentina compartía la noción de progreso y la fe en su destino. Casi todos coincidían en la voluntad de incorporar a la Argentina, tan rápido como fuera posible, a la expansión mundial formando parte del primer proyecto globalizador, liderado por Gran Bretaña y escoltado por Francia, Alemania y Estados Unidos. Al mismo tiempo la dirigencia argentina del centenario justificaba un crecimiento a toda costa que no reparaba demasiado en los medios - por ejemplo, en el fraudulento sistema electoral - tampoco en los eventuales perdedores. El diario La Nación resumía este espíritu durante la crisis de 1890: "¡Ah, progreso, cuántas víctimas en tu nombre!".(2)


El Centenario encontró a la Argentina con una generación, la "Generación del Progreso", en el camino de la organización nacional, con un proyecto de integración a la primera globalización mundial e intentando combinar los valores del progreso con los de los derechos de voto para todos los ciudadanos. La combinación se logró a medias, y la etapa que se inició en 1930 y culminó en 1983 es una muestra de su fracaso.


El Bicentenario nos encuentra a nosotros, la dirigencia argentina del Bicentenario, con un nuevo y enorme desafío: no renunciar al progreso, que no significa otra cosa que desarrollo económico, trabajo, educación, salud, y dignidad para todos los argentinos.


En palabras de Sarmiento en su Facundo: "¡No!; no se renuncia a un porvenir tan inmenso, a una misión tan elevada por ese cúmulo de contradicciones y dificultades: ¡las dificultades se vencen, las contradicciones se acaban a fuerza de contradecirlas!".(3)


Amigos, los invitamos en este Encuentro de ACDE a contradecir las contradicciones. Los invitamos a no repetir nuestros errores. Los invitamos a trabajar juntos para construir los caminos posibles para encauzar a la Argentina hacia el progreso de todos. Los invitamos a no renunciar jamás al progreso!


Muchas gracias.


(1)Alberdi, Juan Bautista "Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina", pag. 42. Ed. Ciudad Argentina, 1998.
(2)El ciclo de la Ilusión y el Desencanto, Pablo Gerchunoff y Lucas Llach, 1998. Emecé Editores S.A.
(3)Facundo: Civilización y Barbarie, Domingo Faustino Sarmiento, 1845. Editorial Longseller, 2006

Material del XII Encuentro Anual

 

VIDEOS

Acceda a la filmación de los distintos paneles.

 

 

GALERÍA DE FOTOS

El XII Encuentro Anual en imágenes.

 

 

PANELES

Descargue las desgrabaciones de cada exposición.

 

 

REPERCUSIONES DE PRENSA

El XII Encuentro Anual en los principales diarios del país.

 

 

 

Auspician esta actividad:

 

 

 

Colaboran con el XII Encuentro Anual:

 

Piroska Meleg & Asociados // www.piroskayasociados.com.ar

 

Fenix Bursátil // www.fenixbursatil.com

 

EMGASUD // www.emgasud.com.ar

 

Cleverman Group // www.clevermangroup.com

 

Instituto Génesis // www.institutogenesis.org.ar

 

Centro de Educación Empresaria Universidad de San Andrés // www.udesa.edu.ar

 

Tasa Logística // www.tasalogistica.com.ar

 

Bodegas Goyenechea // www.goyenechea.com

 

 

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